NO AL HALLOWEEN

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Halloween y el festejo a la muerte

Halloween se considera una fiesta norteamericana, sin embargo, cada vez más culturas adoptan esta costumbre. También en Latino-américa cada año aparecen más tiendas decoradas con calabazas y telarañas, y más casas de terror ofrecen diversión escalofriante. Los niños, disfrazados de brujas, esqueletos, vampiros o zombis, van a fiestas infantiles o de casa en casa para pedir dulces. Parece ser una manera entretenida de tratar con un tema que normalmente es un tabú: la muerte. Lo mismo es aplicable al día de Todos Santos, el festejo a la Santa Muerte y otras fiestas de esta índole.

Sin embargo, esas fiestas no son tan inofensivas e inocentes como parecen. Después de todo, la muerte no es nuestra amiga con quien podemos pasar un buen rato. Más bien es nuestro último enemigo, como dice la Biblia en 1 Corintios 15:26. Además, la muerte está ligada con el pecado, o sea, con la desobediencia y rebelión contra Dios (Génesis 2:17). La muerte es un producto de seguir los consejos de Satanás (Génesis 3), el homicida y padre de mentira (Juan 8:44). Entonces, ¿Cómo podríamos celebrar algo que está completamente en nuestra contra? En este número de Mensaje de Paz mostraremos el origen de esas fiestas, las consecuencias de celebrarlas y qué dice la Palabra de Dios al respecto.

Tinieblas peligrosas

En el día de “Halloween” muchas personas se divierten con las tinieblas, pero estas no son un juego de niños. ¡Son peligrosas! El problema está en nuestro corazón que no discierne con claridad el peligro. Medite en lo siguiente: mientras usted está bajo las tinieblas no puede discernir lo que ocurre a su alrededor. Podría estar al borde de un precipicio o cercano a un animal salvaje, pero debido a la oscuridad que le cubre no es consciente del riesgo. La Biblia nos enseña que el ser humano por naturaleza se encuentra bajo un manto de tinieblas que cubre los ojos de su entendimiento (Romanos 1:21) Su manera de pensar ha sido afectada por el pecado y esto le impide comprender la verdad sobre Dios, el estado de su propio corazón y el destino al que se dirige.

Nuestras horribles tinieblas

La realidad es que las tinieblas están presentes en lo más profundo de nuestra manera de pensar. En nuestra ceguera somos capaces de refugiarnos en el pecado que nos daña. Creyendo ser sabios saboreamos el cuchillo que nos hiere, abrazamos la espada que atraviesa el corazón, ponemos las brasas encendidas en nuestro pecho, pensando que nosotros no vamos a ser quemados. En otras palabras, pensamos que el pecado no nos va a dañar, todo andará bien. Puede ser el rencor, mentira, orgullo, pornografía, borrachera, materialismo, violencia, adulterio, fornicación, y especialmente en estos días de “Halloween” la brujería y el ocultismo. En algún grado todos hemos pecado de alguna de estas maneras o hemos expuesto a otros (incluso a nuestros hijos) a estas prácticas y somos responsables delante del Señor del universo. En muchas ocasiones la conciencia nos testifica que nuestras acciones o actitudes no son aprobadas ante Dios, sin embargo, seguimos adelante engañándonos a nosotros mismos. Nos justificamos en que todo el mundo lo hace y nos convencemos de que después de todo no es “tan malo”. Pensamos que viviremos la eternidad en la luz, aunque en nuestra vida caminamos en tinieblas. No obstante, Jesús afirmó que hay un destino definitivo para los que amaron la oscuridad y rehusaron acercarse a la luz. (Juan 3:19; Mate022:13).

La luz que disipa nuestras tinieblas

Aunque el pecado ha entenebrecido nuestro corazón, hay esperanza para usted y para mí. Hay una luz que puede disipar nuestras tinieblas. Dicen las Escrituras hablando de Jesucristo: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9) y además dice: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:15). No importa cuán oscuras sean sus tinieblas, Jesús es la luz que resplandece en medio de ellas. En un cuarto sin luz, no podemos observar toda la suciedad que puede haber allí. Pero cuando la luz es encendida podemos ver con claridad toda la inmundicia. A la luz de Jesús es que vemos la realidad. A la luz de su bondad podemos ver nuestra maldad. En su humildad vemos nuestro orgullo. En su pureza, nuestra impureza. La justicia de Jesús, como un pañuelo blanco resplandeciente, manifiesta que nuestra pretendida justicia no es más que un paño sucio y maloliente (Isaías 64:6). Por tanto, búsquele ahora y reciba la paz del perdón. Vuélvase de su pecado a Cristo, y ore ahora mismo en arrepentimiento: “Alumbra mis tinieblas y sálvame oh Señor Jesús”. Su promesa es fiel: “Yo soy la luz del mundo el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

La aplicación del texto a la actualidad

El fin de cada exégesis no es el simple desglosar lo que la Biblia dice. La Palabra de Dios quiere ser puesta en práctica en nuestra vida personal. Sin embargo, existen muchas porciones que hoy día, en el siglo XXI. Ya no parecen ser aplicables directamente, porque vivimos en otras circunstancias. Entonces, ¿Qué hacemos con estos pasajes? En 1 Timoteo 3:16 leemos: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, […] a fin de que el hombre de Dios sea perfecto”. Y 1 Corintios 10:11 dice del AT que “estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros”. Con esto queda claro que de cada porción bíblica podemos sacar una enseñanza y aplicación para nuestra vida hoy día. En la exégesis descubrimos el sentido que las palabras tenían para sus primeros lectores. ¿Cuál fue el motivo del autor y qué reacción esperaba de los receptores? De ahí debemos deducir un principio teológico que es aplicable a nuestras situaciones actuales. Esta aplicación no se desprende del sentido original, pero lo transfiere a nuestra realidad.

Un ejemplo

En 1 Corintios 8 el apóstol Pablo habla de que algunos hermanos tenían un conflicto de conciencia al comer carne. En aquel entonces, una gran parte de la carne que se podía comprar en el mercado provenía de animales que habían sido sacrificados a los ídolos. Los hermanos mencionados, antes de rendirse a Cristo habían sido idólatras, pero ahora ya no querían tener nada que ver con los dioses paganos. Como no sabían si un trozo de carne había sido dedicado a un ídolo, preferían no comer ninguna carne para no contaminarse. Pablo sabía que los ídolos eran meras estatuas muertas, por lo que no afectaban la calidad de la carne. Sin embargo, sabía también que participar en los ritos donde se solía comer esa carne significaba identificarse con los falsos dioses, con los demonios que operan a través de éstos y con toda la inmoralidad relacionada con ellos. Para proteger a los hermanos y no meterles en tentaciones, y para guardar un buen testimonio ante los no-creyentes, Pablo prefería desistir completamente de su libertad de disfrutar carne (ver también 1 Corintios 10:23-33).

La exégesis de este pasaje nos muestra, que Pablo no abogó por el vegetarianismo. Su motivo era el amor por los hermanos, cuidándolos para que no cayeran en pecado y pudieran vivir una vida en santidad, a pesar de que esto le costó a Pablo algún sacrificio.

Por lo tanto, en muchas culturas del Siglo XXI la enseñanza de 1 Corintios 8 es vigente, por ejemplo se aplica a comida hecha para un presterío. Y, más allá del sentido literal, podemos aplicar el principio teológico, que es el alma máter de esta enseñanza, a muchas situaciones actuales: ¡No hagas nada que podría hacer caer en pecado a tu hermano! O con las propias palabras de Pablo en 1 Corintios 10:24: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”.

El origen del Halloween y el día de Todos los Santos

Para poder comprender la magnitud alarmante de las consecuencias de celebrar Halloween, el día de Todos Santos, la Santa Muerte, etc., es importante conocer sus orígenes.

El festival de Samhain

Desde varios siglos antes de Cristo, los celtas habitaban Bretaña, Irlanda y una parte de Francia. Esa tribu tenía una multitud de deidades que regionalmente llevaban diferentes nombres. Una de las fiestas religiosas más importantes, que se celebraba el 01 de noviembre y en la víspera a esta fecha, fue el festival de Samhain, una fiesta de culto al dios de la muerte. La Biblia dice en Hebreos 2:14 que el que tenía el imperio de la muerte, es el diablo. Así que en la fiesta de Samhain se adoraba a Satanás. Esta fecha marcaba el fin de la época de cosecha y el inicio del invierno. Según las creencias de los celtas, el dios de la fertilidad, que gobernaba la primavera y el verano, entregaba su dominio al dios de la muerte que gobernaba el otoño e invierno. Creían que durante esta transición las barreras entre el mundo natural y el sobrenatural caían, de manera que entidades del otro mundo, como las almas de los muertos y malos espíritus, podían entrar a la realidad de los vivos, y viceversa los seres humanos podían aprovechar la oportunidad de entrar a los dominios de los dioses y seres sobrenaturales. Por eso, los celtas creían que en la noche del 31 de octubre un sinnúmero de espíritus deambulaba por su tierra para visitar a sus hogares y aterrorizar a los vivos. Para no ser molestados por estos espíritus, los celtas se disfrazaban de muertos, de duendes, demonios, etc. y preparaban comidas para los difuntos.

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Fiestas paganas

Aquí vemos claramente el paralelo con las creencias y costumbres que existen en muchas culturas para el día de Todos Santos y el día de los difuntos. También aquí en Sudamérica, muchos esperan la visita de las almas de los difuntos y les preparan mesas con dulces y con sus comidas favoritas.

Sin embargo, en Job 7:9-10 leemos que “los que mueren ya no volverán. Se han ido de su hogar para siempre y jamás volverán a verlos” (NTV). Entonces, si la Palabra de Dios dice que los muertos no vuelven, ¿para quién son las ofrendas y quién se manifiesta en dichas fiestas? ¡Son para los demonios que se dejan celebrar!

Aunque esas fiestas aparentan ser religiosas, son prácticas paganas. Y los que las celebran, se abren para la influencia de los espíritus malignos.

La sociedad de los druidas

Los sacerdotes de la religión celta eran los druidas. Ellos pedían del pueblo ofrendas de tributo en forma de animales, parte de la cosecha o incluso seres humanos para sacrificarlos a los dioses y espíritus. Esperaban apaciguarlos, ganar sus favores, poder invocar a los muertos o practicar algún hechizo especial. Para esto, en la víspera de Samhain los druidas iban de casa en casa reclamando las ofrendas. Llevaban en esta ocasión linternas de nabos tallados con caras espantosas, que eran consideradas las habitaciones de los demonios.

Si una persona se negaba a darles la ofrenda demandada, los druidas amenazaban con lanzar una maldición sobre su familia. A estas prácticas se debe la costumbre actual de decorar la fiesta con calabazas y la de los niños que pasan disfrazados de casa en casa pidiendo dulces o amenazando con jugar una mala pasada (trick or treat = trato o travesura).

All Hallow´s Eve

A partir del siglo IV, el cristianismo se extendió en las islas británicas. Sin embargo, las costumbres paganas de Samhain se mantuvieron tenazmente. Por eso en el siglo VIII el papa Gregorio III tuvo la idea de trasladar la fiesta de Todos Santos, que hasta entonces se celebraba el 13 de mayo, al 01 de noviembre. Pensó que de esta manera la fiesta “religiosa”, ya que tenía elementos parecidos, iba a sofocar las costumbres paganas. Sin embargo, el paganismo aprovechó este hecho para etiquetar sus prácticas como “cristianas”. La víspera de Todos Santos en inglés se llama All Hallow’s Evening, de lo que se formó el nombre Halloween.

El Halloween actual

Con la colonización de Norteamérica también las costumbres de Halloween se extendieron en el Nuevo Mundo, donde experimentaron una gran aceptación. Hoy día, muchos ven esta fiesta como una diversión inofensiva o como un buen negocio. De esta manera, Satanás logró que su fiesta siga vigente hasta la actualidad. Y de hecho es la fecha más importante en el calendario satánico. El 31 de octubre es el día en que a nivel mundial los adoradores de Satanás celebran sus ritos, practican hechizos y hasta sacrificios humanos. Sé que muchos se niegan a creer esto, pero los que ejercen el ocultismo lo confirman. El hecho que muchos minimizan el significado de Halloween, abre las puertas de par en par para los poderes malignos y contamina a muchos.

Disfraces infantiles para Halloween

 

Respuesta Bíblica

La Palabra de Dios no deja dudas sobre cómo los cristianos debemos reaccionar a esa fiesta. “Jamás sacrifiques a tu hijo o a tu hija como una ofrenda quemada. Tampoco permitas que el pueblo practique la adivinación, ni la hechicería, ni que haga interpretación de agüeros, ni se mezcle en brujerías, ni haga conjuros: tampoco permitas que alguien se preste a actuar como médium o vidente, ni que invoque el espíritu de los muertos” (Deuteronomio 18:10-11, NTV). “No tengan nada que ver con las obras infructuosas de las tinieblas: al contrario, denúncienlas” (Efesios 5:11, NTV)

Estudie también Éxodo 34:12-15; Levítico 19:31; Deuteronomio 18:9-14; Salmo 106:32-39;  1 Corintios 10:19-22; Efesios 5:6-11; 1 Tesalonicenses 5:21-23; 1 Juan 5:21.

¿Cómo cazar lobos?

En las zonas nórdicas, donde durante muchos meses la tierra queda cubierta de nieve y hielo, los nativos tienen un método peculiar de cazar lobos. El cazador coloca en un cuchillo filoso un trozo de carne y lo deja congelar. Luego lo coloca como cebo en un lugar donde el lobo puede encontrarlo. Ya que para los lobos en invierno es más difícil hacer presas, recibe este “regalo” con gusto. Empieza a lamer la carne congelada, sin embargo, el frío le adormece la lengua, de manera que no se da cuenta cuando llega al filo del cuchillo. De repente, el lobo hambriento siente sangre caliente en su boca. Impetuosamente sigue lamiendo, porque no se entera que lo que está saboreando es su propia sangre. Finalmente, el lobo muere desangrado. El diablo utiliza esta misma táctica para matar a los seres humanos. Les pone algo aparentemente “sabroso” o mejor dicho divertido y fascinante, como jugar con la muerte y los poderes invisibles. Parece “rico”, pero les adormece, porque les hace insensibles para la bondad de Dios y para las intenciones malignas del diablo. Las personas no se dan cuenta de cómo el espiritismo, la brujería, la adivinación, etc. las hieren, es decir, cómo se alejan de Dios y se entregan a la tiranía de Satanás. La magia ejerce una extraña fascinación, así como cuando el lobo saborea la sangre. Parece funcionar, por lo que muchos se meten más profundamente en las tinieblas; pero en realidad los mata. Recién cuando Satanás ejerce un control completo sobre sus vidas, se dan cuenta de que fueron engañados y que el diablo no pretende hacerles bien sino destruirlos. Por propia cuenta no pueden salvarse ni liberarse.

El Salvador es ‘Jesucristo, quien dice: “¡No tengas miedo! Yo soy el Primero y el Último. Yo soy el que vive. Estuve muerto, ¡pero mira! ¡Ahora estoy vivo por siempre y para siempre! Y tengo en mi poder las llaves de la muerte y de la tumba” (Apocalipsis 1:17-18). ¡No te dejes engañar, ni juegues con el diablo! ¡Entrégate a Cristo!

El día de Todos los Santos

Unas palabras más acerca de la supuesta fiesta “cristiana” de Todos Santos. También el culto a los santos tiene su origen en el sincretismo, es decir, en la mezcla del cristianismo con elementos paganos.

En los primeros siglos, los creyentes en Cristo sufrieron muchas persecuciones. Una y otra vez hombres y mujeres fieles dejaron su vida a causa de su fe. Los cristianos recordaron estos mártires como ejemplos que los animaban a mantenerse fieles aun en tiempos difíciles. A lo largo del siglo IV, la fe cristiana fue legitimada, y finalmente se convirtió en la religión oficial, prohibiendo todo culto pagano. Por lo tanto, muchos paganos se convirtieron al sistema religioso del cristianismo, pero sin haber entregado sus vidas a Cristo. Dentro de sus corazones seguían siendo paganos.

En aquel entonces había en Roma un templo dedicado a todos los dioses romanos, el panteón. La iglesia romana dedicó ese edificio a los mártires (o santos) y estableció un día especial para recordar a Todos los Santos. ¿Habrá sido esta decisión una jugada política para apaciguar a los paganos y facilitarles aceptar la religión oficial? En el panteón podían seguir venerando a sus dioses paganos, cambiando meramente los nombres por los de los heroificados mártires cristianos. De este modo, el recuerdo de los mártires se convirtió en idolatría. La Palabra de Dios enseña claramente que debemos adorar al Señor, nuestro Dios, y servirle únicamente a Él (Mateo 4:10). En Apocalipsis 19:10 y 22:9, el apóstol Juan relata que quería postrarse delante del ángel que le hablaba en la revelación. Sin embargo, el ángel no se lo permitió y dijo: “No, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios, como tú […] Adora únicamente a Dios” (NTV). Entonces, si ni debemos venerar a los santos ángeles, ¿cuánto menos a seres humanos, aunque hayan sido salvos y santificados por la gracia de Dios?


 

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